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Uno de cada cuatro trabajadores sacrifica la cantidad o calidad de sus comidas por falta de recursos

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Un informe advierte que el acceso a una alimentación adecuada durante la jornada laboral no es igual en todo el país. La falta de infraestructura en los lugares de trabajo y los bajos ingresos aparecen como factores clave.

Un reciente informe reveló que uno de cada cuatro trabajadores en Argentina se ve obligado a reducir la cantidad o la calidad de sus comidas durante la jornada laboral debido a limitaciones económicas. El estudio señala que el acceso a una alimentación adecuada en el trabajo no es homogéneo en todo el país y presenta marcadas diferencias según la región, el nivel de ingresos y las condiciones laborales.

De acuerdo con los datos relevados, el 22,6% de los trabajadores directamente no consume ningún alimento durante su jornada laboral. Esta situación se registra con mayor frecuencia en el sector público, las pequeñas empresas y en determinadas regiones del país.

Uno de los casos más preocupantes se observa en el Noreste Argentino (NEA), donde el 50,1% de los trabajadores afirma no comer durante su jornada laboral, lo que refleja una realidad particularmente compleja en esa región.

La infraestructura laboral, un factor clave

El informe también destaca que la disponibilidad de infraestructura básica en los lugares de trabajo influye directamente en los hábitos alimentarios. Entre los trabajadores que no cuentan con acceso a heladera o microondas, el porcentaje de quienes se saltean comidas asciende al 72%.

En contraste, recibir algún tipo de aporte del empleador para la alimentación —ya sea mediante viáticos, comedor o beneficios similares— funciona como un factor de protección, reduciendo ese indicador al 43,9%.

Desigualdad en el acceso a beneficios

Sin embargo, el acceso a estos beneficios no es igual para todos los trabajadores. Según el informe, el 55,6% de los asalariados no recibe ningún tipo de contribución de su empleador para la alimentación.

Además, el apoyo económico para las comidas es más frecuente entre los trabajadores con mayores ingresos, mientras que la falta de cobertura se concentra en los sectores con salarios más bajos.

En ese sentido, el 41,8% de los trabajadores que perciben ingresos de hasta $800.000 considera que su alimentación es poco saludable, mientras que esa proporción se reduce al 23,8% entre quienes ganan más de $2.000.000.

Un problema que impacta en la salud y el trabajo

El informe concluye que la alimentación durante la jornada laboral representa un “nudo crítico” que conecta la economía, la salud y la equidad social. En ese marco, los especialistas remarcan que garantizar el acceso a una alimentación adecuada no debe verse como un gasto, sino como una inversión en salud pública y productividad.

“Mejorar la alimentación laboral es, en definitiva, mejorar la calidad del trabajo y, por extensión, la salud colectiva. Los datos advierten la necesidad de un cambio de paradigma: dejar de ver la comida laboral como un beneficio discrecional para entenderla como un pilar del bienestar y la productividad”, concluye el estudio.

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