Un conocido referente local evitó detenerse ante una escena sospechosa en la Ruta 4 por temor a una emboscada, un reflejo del clima de inseguridad actual. Sin embargo, versiones indican que sí existió un incidente real que requirió asistencia. El episodio reabre el debate sobre cómo actuar ante emergencias viales y plantea un firme descargo sobre el valor de los llamados de buena fe.
La noche en las rutas de la región suele transformarse en un escenario de incertidumbre. En las últimas horas, un episodio ocurrido sobre la Ruta Provincial Nº 4 —en el tramo que se extiende desde el sector conocido como El Retobado y Lo Sanabria, antes de llegar a la curva de El Duraznal— puso en evidencia la delgada línea que hoy separa la solidaridad de la precaución ante hechos de inseguridad.
El hecho: entre la sospecha y el auxilio real
El conductor y referente de un medio local, Federico Romano, circulaba a bordo de su vehículo por la mencionada arteria cuando se topó con una motocicleta de color negro y dos personas tendidas sobre la calzada que le hacían señas para detener la marcha.
Ante el temor fundado de estar frente a una de las tantas modalidades delictivas que simulan accidentes para asaltar a los automovilistas, Romano optó por no frenar en el lugar y continuar su trayecto en busca de señal telefónica para dar aviso inmediato a las autoridades policiales y de tránsito. Minutos más tarde, personal oficial se constituyó en el sitio, aunque el lugar ya se encontraba liberado.
No obstante, con el correr de las horas, trascendieron nuevos datos: el incidente vial había ocurrido de manera real y otras personas que transitaban, habrían detenido su marcha para brindar asistencia efectiva a los involucrados, confirmando que sí existía una situación que requería auxilio, pero que la psicosis por la inseguridad alteró la dinámica de respuesta.
El descargo: “Nadie llama de gusto y la policía debe investigar”
Ante los cuestionamientos surgidos sobre la movilización de recursos estatales ante un escenario que minutos después parecía vacío.
“Nadie realiza un llamado de emergencia a las autoridades si no está convencido de que algo grave está sucediendo. Cuando uno transita la ruta y ve una escena de estas características, actúa bajo el instinto de que puede haber una vida en peligro. La desconfianza ante posibles robos fraguados es una realidad que hoy sufrimos todos los conductores, lo que nos obliga a priorizar nuestra seguridad y dar aviso a los especialistas.
Las llamadas a la policía o a tránsito no se hacen por puro capricho ni para molestar; se hacen precisamente para que las fuerzas competentes acudan, constaten, investiguen y garanticen tanto la seguridad de los ciudadanos como el auxilio de quienes realmente lo necesiten. Reclamar o cuestionar un llamado de buena fe es desconocer el rol preventivo que tenemos como comunidad”.
El episodio deja una profunda reflexión sobre el estado de alerta en las rutas secundarias y la necesidad de equilibrar la precaución individual con la eficacia de los protocolos de seguridad pública.

